Vista 1945

Vista 1945
Hotel Boulevard Atlántico. Mar del Sud. Año 1945. Archivo Pablo Grigera

domingo, 30 de marzo de 2014

Los efectos del "Gambismo" en la arquitectura del Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud.

Hace muchos  años atrás, cuando asistía al Curso de Posgrado en Preservación, Conservación y Reciclaje  del Patrimonio en la Universidad de Buenos Aires, nos contaron la historia de un viejo profesor de la escuela de Bellas Artes de Varsovia, que ante la inminencia del estallido de la Segunda Guerra Mundial, no dudó en salir con sus alumnos a registrar moldura por moldura los viejos edificios del centro histórico de la ciudad.
Terminada la contienda estos servirán de base para la reconstrucción de aquellos  edificios a los que la guerra había convertido en escombros, proeza realizada por un sinnúmero de arquitectos, restauradores y trabajadores, sentando un precedente único y que servirá de referencia para otros casos posteriores. Fruto de este trabajo conjunto y que involucró a toda la sociedad polaca, su barrio histórico, el “Stare Miasto”, será inscripto por la Unesco en su lista de Patrimonio de la Humanidad en 1989.

Laureano Clavero viene trabajando desde hace muchos años, a partir de la publicación de su blog “Donde Sopla el Viento”[1], en la recopilación de historias de Mar del Sud dando a publicidad aspectos poco conocidos de la localidad, pero también ha realizado un trabajo de registro fotográfico sistemático y exhaustivo del Hotel Boulevard Atlántico y que tiene un valor incalculable. Quizás al igual que el viejo profesor polaco, la monumental tarea de Laureano, no sólo sirva para reconstruir la arquitectura del hotel sino también para ilustrar, con la maestría de sus imágenes, el estado previo del edificio a la demolición sufrida por el contrafrente del mismo, y de la cual el actual poseedor es responsable, realizada en los primeros meses de 2012 y coincidente con el proyecto faraónico de puesta en valor que planeaba realizar el Grupo Marum y del cual, esas acciones, han sido su consecuencia.

Esas imágenes, tomadas previamente a la demolición, pueden ser comparadas con otras fotografías, las que, con fecha inmediatamente posterior a la catástrofe, ilustran perfectamente el alcance de dicha destrucción.
Este trabajo quiere hacer hincapié también en descartar de plano el falaz argumento de que a causa del mal estado del edificio se realizó su demolición para así poder convalidar el hecho atroz de la venta de las partes originales componentes del edificio con un fin meramente económico, prueba de ello son las más de cuarenta carpinterías, postigones, los cientos de metros cuadrados de pinotea, las barandas de sus alas de habitaciones y tantas otras piezas vendidas y perdidas para siempre, que han diezmado en un corto plazo de tiempo al patrimonio del edificio.
En notas anteriores habíamos definido al Gambismo “como el hecho de apropiarse de un bien patrimonial, legal o ilegalmente, ejerciendo conductas personalistas que impiden el rescate del bien patrimonial. Este tipo de escuela  ejerce conductas mitómanas que tratan por todos los medios de acrecentar el culto a la personalidad del poseedor del bien en detrimento de la del propio edificio, no distinguiéndose quién es más importante si este o aquel”. Esto agregábamos  “lleva indefectiblemente a la ruina, a la decadencia y a la pérdida del bien patrimonial a partir de la destrucción y venta de sus partes como un modo de solventar la vida del poseedor del bien”.







Esperemos finalmente que este trabajo pueda hacer tomar conciencia de la necesidad de encarar un proyecto de intervención profesional del hotel así como detener el desguace sistemático del edificio y efectuar los castigos que la ordenanza denominada Código de Preservación  Patrimonial de General Alvarado[2] perfectamente establece: “Las infracciones a la presente ordenanza serán sancionadas con multa al propietario y profesional interviniente, que se graduará en proporción a la gravedad de las mismas, entre 1 y 250 salarios mínimos del agente municipal con horario completo, así como la restitución al estado anterior de las cosas, si esto fuera posible…”.De lo contrario, estaremos dejando sin castigo a todos aquellos  que pergeñaron tamaño atentado al patrimonio arquitectónico, cultural e histórico de General Alvarado y, dadas las características únicas del edificio, del de todo nuestro país.






Un especial agradecimniento a Laureano Clavero por las fotografías del antes del desastre, al Chino Albertoni  y, a Pablo .... , por las posteriores a la demolición.



[1] enelmardelsur.blogspot.com
[2] Ordenanza 307/00. Código de Preservación Patrimonial. Art 21. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Elginismo y Gambismo

Releyendo en estos días una revista del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU)[1], se publicó una reseña sobre la charla dada por el arquitecto José Merino de Cáceres, catedrático y emérito de la Universidad de Madrid, en el Curso de Conservación del Patrimonio Arquitectónico, CCPA 2013.
En el se refiere al elginismo como un  término más abarcativo que el de expolio  en relación a la destrucción del patrimonio, entendiendo a este como  la incautación, saqueo o venta con afán de lucro de bienes, cualquiera sea su tipo, por parte de arqueólogos, coleccionistas, turistas, etc.
Según Merino de Cáceres el adjetivo “elginism” había sido utilizado por Lord Byron como una crítica a la actuación del conde de Elgin por el traslado a Inglaterra de los mármoles del Partenón y de otros edificios de Atenas.
El elginismo es la versión más sutil y sofisticada del expolio artístico, la más interesada y la más engañosamente justificada; enmascarado como “ vindicable actividad cultural” en su trasfondo subyace un desprecio por la memoria histórica de los pueblos y una ambición por apropiarse de un pasado cultural ajeno y superior al propio, prevaleciendo por encima de todo un interés crematístico.”
Así, continúa el arquitecto Merino de Cáceres,”por elginismo definimos las operaciones, generalmente clandestinas y con fuertes intereses económicos de por medio, de desmembrado o destrucción de edificios históricos, con traslado de sus piezas, a fin de saciar las ambiciones artísticas de personajes acaudalados, coleccionistas o museos”

Quizás ninguna de estas definiciones encuadre perfectamente a lo que ha sucedido, a través del tiempo, con la destrucción del Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud.
Estudiosos contemporáneos han publicado una nueva definición, que se acerca más a los sucesos acontecidos en Mar del Sud, calificando a estos hechos con una nueva denominación: gambismo. 
El adjetivo gambismo es un término que deriva de la figura de Sir Edward Gambing, inglés, propietario del castillo de Southlansee al sud este de Londres.
Sir Edward vivía en su antigua propiedad considerada como uno de los mayores testimonios en pie de la arquitectura de origen normando. Personaje de la comarca, su mímesis con el edificio era tan notable que convertía al edificio en una prolongación de su propia personalidad.
“ I don’t own the castle, I’m part of it”[2]
Cada día el edificio iba decayendo un poco más, décadas de abandono iban destruyendo poco a poco el edificio sin que Sir Edward aceptara ayuda alguna que permitiese rescatarlo. En el fondo no quería que fuese rescatado, quería ver reflejado en su decadencia el recuerdo del esplendor de antaño, que singularmente era un recuerdo sesgado de la historia decadente del edificio. Sir Edward siempre ponía alguna traba que impedía su rescate, el quería permanecer allí, en su lugar, donde era respetado, donde su figura inspiraba los más increíbles cuentos y publicaciones que inclusive habían llegado hasta Londres a partir de las representaciones de juglares trashumantes que recorrían el reino contando sus delirantes historias.
Para sobrevivir, vendía las partes de su castillo, poco a poco, de acuerdo a sus necesidades pero nunca grandes cantidades. Pizarras, pisos, ventanas, persianas, todo era vendible y objeto de cambio.
La única vez que claudicó fue ante una propuesta más estrafalaria que su propia vida, era coherente con su sentir y de ahí su  aceptación consciente de que esta no sería una propuesta más. Comenzó a desmantelar sectores enteros del castillo que no formaban parte del proyecto vendiendo sus partes por unas pocas libras. Pero el proyecto fracasó, del castillo quedó una cáscara vacía carente de significado que le permitirá a John Ruskin, unos siglos después, enunciar sus postulados sobre la condición de ruina de un edificio y la aceptación de la muerte digna del monumento.[3]

Hoy en día definimos al gambismo como el hecho de apropiarse de un bien patrimonial, legal o ilegalmente, ejerciendo conductas personalistas que impiden el rescate del bien patrimonial. Este tipo de escuela  ejerce conductas mitómanas que tratan por todos los medios de acrecentar el culto a la personalidad del poseedor del bien en detrimento de la del propio edificio, no distinguiéndose quién es más importante si este o aquel. Esto lleva indefectiblemente a la ruina, a la decadencia y a la pérdida del bien patrimonial a partir de la destrucción y venta de sus partes como un modo de solventar la vida del poseedor del bien.
Escritos medievales, rastreados por investigadores decimonónicos, ilustran el pensamiento de Sir Edward, quien llegará a afirmar: “but if the castle sink i will sink with it[4]

Del edificio, mucho costó su recuperación, era tanto el destrozo generado por Sir Edward que casi nada quedaba de el. Pudo ser rescatado, no como se hubiese querido, y hoy funciona como un albergue de pueblo. Mucho se perdió y hasta los arqueólogos creen encontrar, y salvando las distancias, huellas en común con Heinrich Schliemann, el famoso arqueólogo alemán, quien no dudó, al excavar buscando la Troya de Homero, en destruir los distintos estratos de ocupación que antecedieron a los de la ciudad con la enorme pérdida que esto significó para la humanidad.
Quizás, y eso dicen algunos,esto no sea más que  una exageración, pero no tanto como el daño que Sir Edward hizo a través de los años a su bello castillo.





[1] Notas CPAU. Nº24. Diciembre de 2013.La Aventura Moderna.1913.
[2] Folium XII. Sextilis XVIII/MMXIII .El “castillo” no me pertenece, sino que yo pertenezco al “castillo”.Trad. Grigereae.
[3] Las ideas de John Ruskin (1819-1900) planteaban que los  monumentos debían ser intervenidos minimamente. Antes que restaurar era preferible dejar la obra como está. Sus ideas se engloban dentro de lo que se conoce como la Restauración romántica, entendiendo la interacción con el monumento como de manera contemplativa.
[4] Nationae. Ianuarios. XX1/ MMVII.”Pero si el “castillo”se hunde, yo me hundo con el”.Trad. Grigereae